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Eloina Meza, whose 8-year-old son Edgar has Down syndrome and heart problems, tried to turn herself in to immigration officialsin hopes of having her case reviewed, but she was turned away. She is afraid that she and Edgar, a U.S. citizen, will be separated.
Eloina Meza, whose 8-year-old son Edgar has Down syndrome and heart problems, tried to turn herself in to immigration officialsin hopes of having her case reviewed, but she was turned away. She is afraid that she and Edgar, a U.S. citizen, will be separated.
Bruce Finley of The Denver Post
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Los agentes federales quienes cazan indocumentados, tienen un política en contra de arrestar a aquellos quienes se rinden por propia voluntad, tal como descubrió Eloina Meza en Denver hace poco.

Después de esconderse por 12 años, Meza mostró su valentía y se acercó a los agentes inmigratorios en sus despachos -“Vi a la seguridad, la policía, las cámaras por todo el cuarto” -y traté de rendirme.

Edgar, su hijo ciudadano de 8 años quien sufre del síndrome Down y problemas con el corazón, lo necesita constantemente. Meza, una madre soltera, se está volviendo mas preocupada de que ella y Edgar se pueden separar si los agentes inmigratorios logran agarrarla.

En vez, quería rendirse y hacer que un juez revise su caso para que tal vez, le deje quedarse con su hijo legalmente en Denver.

Pero el 14 de septiembre, los oficiales de inmigración rechazaron a Meza y Edgar.

“Les estuve diciendo, Estoy aquí ilegalmente . No querían llevarme”, ella dijo. “Pensé que al menos me harían unas preguntas”.

Meza, de 44 años, cruzó la frontera de México en 1994 y desde entonces, ha trabajado en varios sitios en Denver, ganando desde $4.50 cada hora haciendo envasados en un almacén hasta trabajando por un tiempo para el Servicio Postal de EE.UU.

Su situación expone una dimensión rara al nuevo sistema aumentada de inmigración en el país: Los mismos agentes quienes laboran para encontrar indocumentados en las calles y cárceles -el año pasado, agarraron y deportaron a 100.100 indocumentados no-criminales como Meza- generalmente no aceptarían aquellos quienes se rinden, pidiendo compasión.

“Los que entran” fueron recibidos en el pasado

La división del Departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos “debe usar sus recursos limitados y poner en prioridad su misión para poner al blanco aquellos indocumentados que son una gran amenaza a la comunidad -indocumentados criminales y terroristas”, dijo Carl Rusnok, portavoz para el ICE.

Sin embargo, los agentes del ICE por todo el país tienen un poco de discreción, según un memorando legal del 2005, pues antes, los agentes de Denver si aceptaban a personas “que entraban por su propia voluntado” pero ahora, han discontinuado esa practica.

Una carta del 14 de septiembre por la abogada de Meza, Francesca Ramos, le pidió a Jeff Copp, el agente especial del distrito a cargo del ICE en Denver, para “su asistencia para poner a la señora Meza en las medidas de despido sin detención”.

La meta, escribió Ramos, fue para pedir la cancelación de despido, así para asegurar de que ella no se separa de su hijo enfermo .

Los oficiales del ICE no dieron respuesta. El Servicio Postal confirmó que su carta fue entregada el 15 de septiembre.

Defensores de derechos al inmigrante llamaron “inhumano” a la política de rechazo del ICE. “Uno debería rendirse por si mismo”, dijo Robert Deasy, portavoz para la Asociación de Abogados Americanos de Inmigración en Washington, D.C.

Meza probablemente “tiene el derecho” de quedarse en el país con su hijo bajo provisiones de leyes inmigratorios que otorgan un estatus legal a personas ilegalmente en el país por mas de 10 años quienes también pueden comprobar que tienen una necesidad humanitaria excepcional, dijo Deasy, “pero las prioridades de aplicación del Departamento de Seguridad Nacional parecen no incluir a las actividades de su aplicación que beneficiaría a un individuo meritorio”.

Tom Tancredo, el representante estadounidense -el intransigente principal de inmigración en el Congreso, quien recientemente presionó para millones de dólares con el fin de endurecer su aplicación- también está furioso.

“Apoco un oficial va decir, ‘perdón, ¿pero no puedo arrestarlo en estos momentos porque estoy dirigiendo el trafico?'” preguntó Tancredo, un republicano de Littleton.

“(Los agentes del ICE) tiene la responsabilidad de aplicar las leyes”, él dijo. “….y no se puede usar el viejo pretexto acerca de los recursos ya que han recibido mucho más. ¿Para qué lo usan? ¿Para qué necesitan esos recursos si la persona se rindió por su propia voluntad? No tienen que ir a buscarlos”.

Ahora, Meza y Ramos dicen que están pensando en voluntariamente acercarse de nuevo a los agentes del ICE.

“Siento mas presión, mas miedo”, dijo Meza.

Ella vive en una zona donde los indocumentados batallan para defenderse, tomando trabajos y cuidándose el uno al otro para evitar la policía y posiblemente, la deportación.

Meza dice que siempre gira la cabeza, revisando cuando se va de su casa alquilada y compartida. Ella saca a Edgar a altas horas de la noche para ir al supermercado, pensando que es el único tiempo para comprar comida.

Por muchos años, ha tratado de tener el valor para entregarse, rezando por consejos en una iglesia donde los feligreses le instaron a visitar un abogado.

Perdió su trabajo después del 9/11

Edgar nació el 22 de mayo del 1998 en un hospital de Aurora, donde los doctores advirtieron que “él es muy frágil”. Además del síndrome Down, él tiene un problema cardiaco congénito que se requiere tres cirugías de corazón abierto para colocar una válvula mitral protésica y un marcapaso, de acuerdo con sus archivos medicales.

“El requiere supervisión cercana y su marcapaso necesita que ser revisado mensualmente y él necesita que ser vigilado cuidadosamente debido a los anti-coagulas”, dijo, en una correspondencia, el doctor Robert Wolfe del University of Colorado Health Sciences Center.

Otro factor obligando a que Meza ruega por su residencia legal: Ella no ha podido trabajar desde el 2001. Después de un periodo con el Servicio Postal, se estableció en un puesto en el café Pour la France en el Aeropuerto Internacional de Denver. Pero tras los atentados del 9/11, los supervisores del aeropuerto revisaron los números de Seguro Social de todos sus empleados y la agarraron.

Ahora depende de sus amistades para arreglárselas y el Medicaid paga los recibos medicales de Edgar.

“En México, si vas al hospital y no tienes dinero, no te ayudarán”, ella dijo.

Ella ha soñado con regresar un día a su casa en el sur de México pero hoy, las necesidades de Edgar vienen primero.

Ella ayuda a Edgar usar el tobogán en el parque después de la escuela y hasta juega fútbol con él, ella dijo. Su sonrisa enciende su mundo.

“Siempre debe estar conmigo”, ella dijo.

Se puede comunicar con el escritor Bruce Finley al número 303-954-1700 ó al bfinley@denverpost.com.

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