
Fort Worth, Texas – Mientras que los Broncos entraron al santuario, hicieron un cortejo fúnebre hacia el ataúd abierto hasta que se formó una brecha en la línea.
Champ Bailey aminoraba la velocidad, frotando el cuello, respirando a este lado, espirando al otro, claramente incómodo a la posibilidad de enfrentar a Darrent Williams mientras que su buen amigo y esquinero colega estaba tendido en paz.
Pasmado, Bailey se salió de la línea. Esperó al lado por un minuto o dos para poner sus pensamientos en orden y luego, tomó un asiento unas filas detrás del altar.
“Era algo que no podía hacer”, dijo Bailey tras el funeral de su amigo.
Hay mucho en este mundo que agita las emociones humanes, pero quizás, ningún evento es mas poderoso cuando la muerte reclama la juventud. Si Williams jugaría por 12 años con los Broncos, en vez de dos; si hubiese vivido 74 años en vez de los 24, su vida no sería celebrado tan feverosamente que lo fue una tarde sabatina en la gran catedral moderna conocida como la Iglesia Baptista Gran Comisión.
“Especialmente un chavito como Dee, quien tuvo mucho talento y personalidad”, dijo Bailey. “Fue asombroso el ver cuantas personas conocían a Darrent y como él les emocionó”.
Los funcionarios estimaron que 2,700 personas asistieron al funeral de Williams, quien fue asesinado a tiros el lunes tras dejar un antro en el centro de Denver que había sido el anfitrión de la fiesta de cumpleaños para el jugador de los Nuggets, Kenyon Martin y para un fiesta del Año Nuevo para los demás.
Los Broncos fueron representados aquí el sábado por muchos miembros del personal, el dueño Pat Bowlen, el mandamás Mike Shanahan, sus asistentes y la mayoria de los jugadores, aunque el receptor Javon Walker, quien se encontraba en la limusina donde balacearon a Williams, dijo estar muy angustiado para asistir.
La NFL fue representada por la comisario Roger Goodell; Mike Haynes, vicepresidente y esquinero del Hall of Fame; y Gene Upshaw, gerente del sindicato para los jugadores.
A veces, durante el servicio sabatina de casi 2 horas y media, el coro y el conjunto musical de la Gran Comisión hacían parar a la gente, animandoles, aplaudiendo y cantando. El pastor Douglas E. Brown estableció el tono al palabrear sus comentarios iniciales a un gran aplauso, que a pesar de la muerte de Williams, “El sigue siendo un Dios bueno”.
El servicio baptista conmovió a Bowlen, un católico cuyos costumbres suelen a ser un poco mas formales.
“Estaba pensando si les podía llevar de regreso a Denver”, dijo Bowlen.
No sería la última vez que la congregación se reiría de carcajadas. Troy Asmus, un de los agentes de Williams, inició su tributo al inclinarse al micrófono y pronunciar “Alllll-readyyyy”, en una voz baja y atronador.
La gente quien reconocía la frase de Williams lideró los aplausos y más carcajadas en la congregación
Mas tarde, John Lynch, la guardia de los Broncos, admitió que fue criado en una cultura distinta cuando se refirió al slogan de Williams.
“No sabía que significaba”, dijo Lynch mientras se reía la congregación. “Pero creenme, consiguió a que un gringo califloriano de 35 años dijera ‘already'”.
Shanahan inició su tributo al dar crédito a la madre de Williams, Rosalind, por inculcar a su hijo la virtud de la clase, dignidad y una sonrisa omnipresente. Luego contó una historia sobre el mejor partido de la temporada novata de Williams del 2005. Fue contra los Invasores en el Agujero Negro infame de Oakland, donde Williams rindió una corrida de patada con 52 yardas y una intercepción de 80 yardas para una anotación, algo que aseguró la victoria.
Tras la intercepción, dijo Shanahan, habló con Williams en las líneas de banda.
“Le dije, ‘¿Sabes? Vas a estar aquí por mucho tiempo'”, dijo Shanahan. “El dijo, ‘Coach, aún no has visto nada’. Y dije, ‘¿crees que te vas a quedar mucho tiempo solo por hacer las jugadas, verdad?'”.
Williams dijo que si.
“Le dije, ‘No, eres el único chavo más bajo que yo en el equipo'”, dijo Shanahan.
La congregación agradecida se rieron colectivamente.
Al Wilson, el linebacker capitán de los Broncos, le dio las gracias a Rosalind por su compasión y fortaleza mientras ayudaba a sus compañeros de equipo pasar por el luto la semana pasada en Denver.
“Como niño, me enseñaron a llorar cuando traen un niño al mundo porque lo traen en un mundo de aflicción y tribulación”, dijo Al Wilson. “Y se regocija y se celebra cuando te vas”.
La congregación dio un aplauso apasionado.
El corredor Tatum Bell batalló con dar su testimonio ya que comenzó a derramar lágrimas cuando se acercó al micrófono. Pero con la ayuda de Wilson, quien puso la mano en su hombro para consolarlo, el compañero de equipo de Williams de la Universidad Estatal de Oklahoma y de Denver eventualmente se serenó.
“No tengo cuentos tristes”, dijo Bell. “Cuando fuimos a la escuela juntos, Darrent era mi compañero en el lodo. Todo los cuentos que tengo son clasificadas C”.
La familia y amigos de Denver se rugieron otra vez.
Mientras hablaba Lynch, los defensivos y entrenadores asistentes lo rodeaban. Para concluir su testimonio, Lynch lideró su grupo, junto con Rosalind y el padre de Williams, James Fuller, en un “al-ready” colectivo.
Antes de la ceremonia, Williams estaba acostado en paz con su pelo trenzado, con un traje oscuro y corbata que quizás se parecía más al anaranjado de los Vaqueros de Oklahoma que el anaranjado de los Broncos. Su funeral comenzó a las 10:05 a.m., hora de montaña, cuando se les permitió entrar los miembros no-familiares para iniciar el velorio. Una hora y 45 minutos más tarde, todos estaban sentados, con el ataúd cerrado, y así comenzó el servicio.
Se terminó a la 1:30 p.m., hora de montaña, con el pastor Brown gritando mientras alababa a Dios en su sermón de cierre. Un homenaje de video a Wilson se transmitía en dos pantallas grandes mientras los portadores del ferétro bailaban en conjunto en la nave, con las manos en los hombros, cantando “Hasta el Fin”.
Agarraron a Williams, lo levantaron bien alto y continuaron a bailar y cantar mientras cargaban el amado Bronco detrás del santuario.
Luego, Williams fue transportado al frente de la iglesia donde le esperaba un caballo y carruaje.
Los Broncos se salieron de la entrada trasera poco a poco, donde los autobuses estaba listos para llevarles al avion alquilado de regreso a Denver. Mientras tanto, Williams le dieron sepultura durante una ceremonia privada.
“Fue una jugador estelar, ¿qué no?” dijo Larry Coyer, coordinador defensivo de los Broncos. “Fue un servicio tremendo. Así debe de ser”.
Comuníquese con el escritor Mike Klis marcando el número 303-954-1055 ó al mklis@denverpost.com.



