
Rick LaFave pasaba cuatro horas cada noche leyendo sus textos universitarios, pero aun así estaba atrasado dos semanas en sus tareas.
El estudiante de la Universidad Regis, que está obteniendo su doctorado en fisioterapia ha sobresalido ayudando a sus pacientes; sin embargo sus notas en los exámenes escritos eran terribles.
Esta discrepancia era tan profunda que los maestros de LaFave le empujaron para se realice exámenes para determinar si tenía problemas de aprendizaje.
Ahora él es contado entre el creciente número de estudiantes con discapacidades que asisten a institutos y universidades; los mismos que han ampliado sus servicios para ayudar a estos estudiantes a mantener el paso -con ayudas que van desde personas que les dan tomando notas hasta computadoras de alta tecnología que leen en voz alta y que les dan escribiendo sus trabajos de investigación.
“Ha sido una tremenda ayuda para mi,” dijo LaFave, quien fue ubicado en una clase de lectura especializada en la preparatoria y dedicaba horas al estudio como estudiante de licenciatura, sólo para obtener unas calificaciones mediocres. “Me tomaba muchas horas leer.”
La Universidad Regis escanea las asignaciones de lectura de LaFave en un disco; él las lleva a la biblioteca del Campus de Denver a un computador que las lee para él. La escuela le deja tomar los exámenes a su propio paso en un cuarto privado y la computadora le lee las preguntas.
“Yo me estaba perdiendo las palabras claves,” él indicó. “Dado que el problema era el tiempo, yo me apuraba a revisar el material y en consecuencia perdía información pertinente.”
LaFave, de 38 años, está sacando muchas más A s ahora que en toda su vida.
Se estima que un 11 por ciento de los estudiantes universitarios americanos tienen discapacidades -ya sea mentales, físicas o siquiátricas- dijeron funcionarios de educación superior. Es difícil establecer un número exacto, debido a que a diferencia del sistema de kinder a 12avo grado; las universidades no tienen que reportar las “necesidades especiales” de sus estudiantes al gobierno.
El número de estudiantes universitarios con discapacidades se ha quintuplicado en las últimas tres décadas, cuando se las estimó en un 2.3 por ciento. Así como Regis, muchas instituciones en Colorado dicen que han reforzados sus servicios durante los últimos años.
Los expertos creen que mucho de este aumento se debe simplemente a un mejoramiento en el diagnóstico, pero ellos también dan crédito a las expectativas más altas que se ponen en los cursos para los estudiantes con necesidades especiales, tanto en la escuela media como en la preparatoria.
Las discapacidades del aprendizaje son “desórdenes de procesamiento;” no son el resultado de un retardo mental, dijo Candace Cortiella, directora de el Advocacy Institute de Washington D.C. Muchas personas con una discapacidad en la lectura o dislexia, discapacidad en la escritura o disgrafía y la versión matemática o discalculia; tienen un alto cuociente intelectual, ekka indicó.
Algunos estudiantes no se dan cuenta de que tienen una discapacidad en el aprendizaje hasta que llegan a la universidad, cuando las tareas de lectura pueden llegar hasta las 300 páginas por semana.
“No hay educación especial en la universidad,” dijo Cortiella. “Usted puede recibir ayuda especializada, pero también tiene que realizar todas las tareas.”
En Regis, el número de estudiantes que han pedido ayuda de personas para tomar notas, programas de computador especializados y otros servicios, ha crecido de 240 en el 2003 a 370 en este otoño; dijo Joie Williams, director de servicios para discapacidades.
Los problemas más comunes son las discapacidades en el aprendizaje, seguidos por el desorden de atención deficitaria y los problemas siquiátricos tales como la depresión, ansiedad y los desórdenes bipolares.
El número de estudiantes universitarios diagnosticados con discapacidades aumentó dramáticamente en 1990 luego de que se pasó el Acta de Americanos con Discapacidades, indicó Williams.
En el Metropolitan State College de Denver, cerca de 600 estudiantes utilizan el “Access Center” del campus, con un centro de computo que contiene pantallas de computador extra grandes y espacio para sillas de ruedas.
Pero el director Greg Sullivan cree que la mayor parte de los estudiantes con discapacidades no visita este centro porque no saben que existe o porque están preocupados del estigma que esto les pueda traer consigo.
Por ley, los servicios que el centro ofrece -incluyendo el cargar los textos a los iPods de los estudiantes y el proveer interpretes para lenguaje señado- son gratuitos para los estudiantes. El presupuesto anual del centro es de $600,000.
El estudiante de Sotero Burciaga que sigue una especialización en comunicaciones técnicas, encontró el centro del Metro State hace dos años, cuando su esclerosis múltiple reapareció e hizo que su brazo derecho empiece a temblar y que su visión se deteriore.
Ahora el dicta sus ensayos y trabajos de investigación a una computadora, la misma que los escribe para él; así como también tiene alguien que le lee en voz alta sus exámenes.
“Sin esta ayuda, no se donde estaría,” dijo Burciaga.
Se puede comunicar con la escritora Jennifer Brown llamando al número 303-954-1593 o al jenbrown@denverpost.com.



