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A "meth epidemic" is a growing concern on the Western Slope for law enforcement and social-service providers, especially when it involves women in abusive relationships.
A “meth epidemic” is a growing concern on the Western Slope for law enforcement and social-service providers, especially when it involves women in abusive relationships.
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Grand Junction – Lorine Stephens huía de un helicóptero policial, toleraba el ser violada y golpeada por su novio y enganchaba a su hija a la metanfetamina -todo por el amor de la droga. Emalee Stevenson gastó sus préstamos y becas estudiantiles en el meth, se drogaba en moteles sórdidos y inyectaba la droga mientras estaba embarazada.

El meth se ha vuelto una preocupación creciente por el Western Slope para la policía y proveedores de servicios sociales, especialmente cuando se trata de mujeres en relaciones abusivas.

Los comisarios en el condado Mesa, el cual incluye Grand Junction, formaron una fuerza operante en 2005 -con representantes policíacos, de salud, negocios, iglesias y el gobierno local- para hacerse cargo de la “epidemia del meth”, tal como lo describe un informe del condado.

“Lo vemos como un taburete con tres patas, con aplicación policial, prevención y tratamiento”, dijo Anglea Palmer, coordinadora de la fuerza operante. “No creemos que al solo aplicar la ley se puede sacar el meth de la comunidad”.

“Estamos educando la comunidad sobre qué debe buscar, cómo ayudar y cómo mantener a ti y tu familia sanos y salvos”.

Un informe de una fuerza operante contra el meth muestra que mujeres usan la droga en casi la misma proporción que los hombres.

Se dio a concer el problema de metanfetaminas por el Western Slope en septiembre del 2005 cuando autoridades locales y federales anunciaron la confiscación de 12 libras de meth en Grand Junction, de rumbo al mercado local y creciente.

Las autoridades aquí han puesto un enfoque especial sobre las mujeres adictas al meth. Un informe públicado este mes por la Nueva Fuerza Operante contra la Metanfetamina de Colorado dijo que mujeres por todo el estado están usando la droga en casi la misma porporción que los hombres.

Los expertos dicen que a menudo las mujeres se topan con el meth a través de su pareja. También, mujeres que son victimas de un compañero abusivo y adicto al meth a veces le acompañará solo para mantener la paz.

Muchas mujeres que usan meth lo hacen porque están lidiando con una cierta drama difícil de enfrentar, dicen los expertos, y que probablemente experimentan más abuso física y sexual como niños que los hombres.

Karen Flowers, agente especial para el U.S. Drug Enforcement Administration y supervisoar para la Fuerza Operante para el Oeste de Colorado, dijo que el ver lo que las mujeres hacen para drogarse es espantoso.

“Es una droga única porque tiene la capacidad de hacer que una madre olvide a su hijo, poniéndose antes que el niño”, dijo Flowers.

El estimulante -esnifado, fumado o inyectado- puede quitar el dolor emocional y permite a que las mujeres toleren violencia doméstica, dicen expertos y usuarios.

“Uno puede sentir esa descarga”, dijo Stephens, de 44 años, con cinco meses alejado de la droga. “Es bueno quitar por encima los sentimientos que no deseas sentir”.

“El mismo cielo hecho aguja”

Meth le brinde a las mujeres más energía y les ayuda perder peso, pero pagan un terrible precio por usarlo.

Stevenson, una muchacha de 20 años quien este mes cumplirá un año de sobriedad, dijo que el meth era “el mismo cielo hecho aguja” hasta que se dio cuenta que le estaba arruinando la vida.

Karen Mooney, coordinadora de tratamientos femeninas de la División para el Abuso de Drogas y Alcohol de Colorado, dijo que la droga da energía a las mujeres pero que “después de un rato, el cuerpo se cansa de todos los altibajos y se requiere más y más meth para leventar los ánimos”.

Lorine Stephens comenzó abusar el meth a los 36 años. No fue hasta que su ex marido se llevara a su hijo de 8 años y que se muriera su padre dos meses después, que encontraría una razón para usarlo.

“Me metí en una bolsa de meth”, dijo. “No pude lidiar con esas emociones”.

Stephens dijo que comenzó a vender meth para mantener su hábito y que dio la droga a su hija cuando era adolescente.

“Le daba un ‘teener’ (parte decimosexta de una onza) solo para que dejara en paz”, dijo Stephens. “Me siento culpable todo los días. Le quité la infancia de mi hija”.

Ahora se siente agradecida de que su hija de 23 años haya estado limpia por más de dos años.

Stephens dijo que un hombre le enseñó a usar el aguja y que otro hombre le golpeó cuatro veces hasta dejarla inconsciente porque él no tenia drogas, ella dijo.

Emalee Stevenson comenzó usar el meth para perder peso e impresionar los hombres. En solo seis meses, su peso bajó a 130 libros de los 180.

Ella dice que solo esnifaba y fumaba meth hasta que un novio la enseñó cómo inyectársela en sus venas.

“El chutear -es una cosa sexual”, ella dijo. “La descarga que uno recibe es como un orgasmo”.

Stevenson comenzó a no ocuparse de su hija dentro del vientre. Continuaba usando meth cinco a seis al día después de enterarse de su estado.

“Me inyecté otra vez, pero no me importaba”, ella dijo.

Los niños pequeños sufren

El abandono y abuso son comunes entre las madres que usan meth, pero también, el tener un hijo les puede ayudar a que se limpien.

Para Flowers, es difícil comprender el poder que posee el meth para causar el abadono de una madre. Se olvidan de que hayan dejado a su hijo solito en la bañera por muchas horas ó decidan llevar a sus hijos consigo cuando compran y venden drogas, dijo Flowers.

Cuando la policía de Grand Junction pilló a Stevenson hace más de un año, ella decidió aceptar tratamiento del Mesa County Criminal Justice Services.

“Mi percepción del mundo cambió después de dar a luz” dijo. “Cuando tenia mi hija en mis brazos, me di cuenta de que habia tirado un año de mi vida. Quiero hacerlo bien; no quiero ser un error”.

Stevenson organizó una adopción abierta con una familia de California.

“Es bella, pero no tenia la sobriedad suficiente para cuidar una niña”, agregó.

Stephens también decidió conseguir ayuda cuando la arrestaron bajo cargos relacionados con drogas.

La última vez que le golpeó un novio durante una juerga, dijo, usó una lampara para pegarla sobre la cabeza repetidamente. Las lastimaduras en el cráneo le causó un arrastro permanente en su manera de hablar.

“Quiero tomar lo que me pasó en la vida y tratar de ayudar a la gente”, ella dijo. Jamás tolelaré de nuevo el toque de un hombre. Merezco lo mejor y ya no me conformaré con menos”.

Comuníquese con la escritora Felisa Cardona marcando el número 303-954-1219 ó al fcardona@denverpost.com.

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